En el fiel de la Balanza

Artículo de Fátima Fernández (Muchacha de Sal)
Cada vez que me pongo a ojear, y lo hago con bastante frecuencia, los comentarios que los lectores hacen sobre algunas noticias como respuesta a la invitación hecha desde este diario, no deja de sorprenderme la manifiesta bipolarización de las opiniones, no tanto por el hecho de ser diferentes (cosa natural), sino por los argumentos que, con frecuencia, se esgrimen.


Entre todos los comentarios vertidos, raramente se encuentran tonos grises, por lo que se pasa del blanco al negro con tal brusquedad, que un observador situado en el fiel de la balanza difícilmente soportaría la sensación de mareo sin una buena dosis de “biodramina”. Es tal el apasionamiento, habitualmente puesto de manifiesto, que es muy fácil deducir la tendencia o signo político del opinante, aunque en principio la noticia carezca de ese fondo. Bien mirado, ¿qué no es política en esta vida?

Estos espacios en los que se recogen opiniones personales sobre un mismo hecho, son interesantes porque te das cuenta de cómo una noticia, puede ser percibida por cada uno de los receptores de una forma totalmente distinta aunque, aparentemente, carezca de elementos por los que podríamos resultar beneficiados o perjudicados.
Son, sin duda, muchos los factores que nos condicionan a la hora de emitir nuestro personal comentario (la formación del individuo, desencantos políticos, fidelidades incondicionales, ese olfato que nos dice que algo no nos cuadra en lo que se está diciendo o haciendo…). Estos espacios llegan a convertirse en verdaderos foros, donde muchas de las opiniones van dirigidas más a descalificar al que no coincide con nuestra opinión, que a tratar de desmontar la suya con nuestros propios argumentos. Sin duda, esto es un mimetismo de nuestros parlamentarios, donde el “y tú más” es una muletilla que les libera de justificar, en muchas ocasiones, lo injustificable por la vía del razonamiento.
Pero lo que realmente me parece más negativo, porque bloquea todos los caminos de una sana y democrática discusión o simple opinión sobre una noticia concreta, es el hecho de negarle a nuestro interlocutor, contertulio, o simplemente coparticipe, su derecho a manifestarse en contra de determinadas acciones políticas con el consabido repertorio (también mimético de las Cámaras) : “todavía no habéis asimilado que hemos ganado unas elecciones ” o lo que es peor, tacharle de “fascista”. El hecho de haber ganado unas elecciones, por muy democráticas que estas hayan sido, no es una patente de corso para el gobierno de ningún país; máxime cuando son sobradamente conocidos, en las campañas electorales, los silencios voluntarios en aquellos temas que pueden ser más escabrosos y menos populares, o las negaciones de lo que parece evidente, por el poseedor de la información, que habitualmente es el gobierno de turno. Lo que hace que se pueda estar legislando sobre temas delicados que ni siquiera hayan formado parte del programa electoral.
En la historia reciente de la humanidad ha habido personajes que, aún siendo elegidos democráticamente, han dejado un reguero de sangre y destrucción imborrable. Y en la actualidad, todos conocemos algún país que pese a la democrática elección de sus dirigentes, mas parecen pequeñas dictaduras.
¿Quiere esto decir que la democracia sea un mal sistema político? . Ni mucho menos. Pero no debemos perder de vista el principal pilar en el que sustenta, que no es otro que el respeto a la opinión de los demás. En una democracia, tan antidemócrata es quien niega a las mayorías su derecho a gobernar, como quién niega a la oposición su derecho a discrepar
Para que en determinados momentos de euforia unos y otros dejemos de levitar apoyándonos en un puñado de votos más que nuestros oponentes, resulta bien elocuente la siguiente frase que sobre la democracia escribía el ensayista estadounidense Elbert Hubbard : ” La democracia tiene por lo menos un mérito, y es que un miembro del Parlamento no puede ser más incompetente que aquellos que le han votado”
Esto tal vez justifique el desfase que a menudo se produce entre las actuaciones de un partido en el gobierno y su reflejo en las encuestas, porque reconocer la incompetencia de otro no resulta difícil, pero si ese reconocimiento lleva asociada nuestra propia incompetencia, eso ya es otra cosa.

 

 

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3 Respuesta a “En el fiel de la Balanza. Artículo de Fátima Fernández (Muchacha de Sal)”

Comentarios (2) Trackbacks (1)
  1. Magnifico como es habitual el árticulo de Fátima, es un lujo leerla. :grin:

  2. ¡Cuanto tiempo sin leerte! no sabes como me gusta tu vocabulario tan fluido.

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